Análisis con perspectiva feminista de la obra de arte “Berghain”, de Rosalía & Björk.
“Solo nos salvará la intervención divina”, le dice Björk —que es antirreligiones— a Rosalía, mientras el peso de su corazón es liberado por la naturaleza: el único “dios” en el que cree Björk, quien además es la compositora principal de la canción Berghain.

Este texto es un intento de ordenar el hilo de stories de mi Instagram sobre el análisis espontáneo de este evento artístico que me dejó impactada. Gráficamente es una belleza; la canción, hermosa; y la historia, si bien no es un “evento feminista” propiamente dicho, es una cachetada a las religiones y una demostración de apoyo mutuo entre mujeres a través de nuestros dolores compartidos, los que se desprenden de nuestro rol en la sociedad patriarcal.
Porque ¿quién no lloró por amor?, ¿quién de nosotras no sabe que nuestro lugar se nos ha asignado entre planchar, complacer y buscar aprobación? Que el poder —el de los hombres— “acepte nuestro corazón” y finalmente nos dé un lugar un poquito mejor que el de ser la materia prima que alimenta sus perversiones y necrofilia, la estructura misógina, el “agente civilizador”, en el que gira el mundo.
La letra alterna tres idiomas, lo que ya nos indica que los mensajes no corresponden a una cultura en particular, sino que son sistémicos. Björk y Rosalía son públicamente ateas —lo cual no es poca cosa—. He buscado y buscado información, y solo encuentro lo mismo: Björk se refiere a una “energía” superior que identifica con la naturaleza. Es decir, es muy probable que la escena del video, cuando empieza a cantar ella, esté directamente relacionada con esto: no hay “dios”, hay “naturaleza divina”.
Por otro lado, Rosalía nunca fue bautizada y ha dicho en varias oportunidades que no es religiosa, aunque sí ha acompañado a su abuela cristiana a algunos eventos religiosos.

En la portada del disco vemos a Rosalía de perfil, con el rostro iluminado y los ojos cerrados. Esto desató debates y descontento entre algunas feministas, porque se interpretó como una apología del cristianismo en un clima político que empuja a devolver a las mujeres a un rol tradicional: devotas, abnegadas y nuevamente “costillas” del hombre, subordinadas a los sistemas y roles que ellos diseñaron para nosotras.
Sin embargo, lo que viste Rosalía es una especie de chaleco de fuerza elástico, blanco, de tela fina, y un velo de novicia (monjas en formación). La comunicación visual me hace estar segura de que este no es un mensaje de propaganda religiosa. Me resulta muy difícil aceptar que sea un refuerzo de la religión, por la incomodidad que genera ese atuendo y porque ella aparece prisionera de él, casi una mártir.
Luego, la analogía con Berghain: un party club turbio de Berlín que se transformó en “culto”, porque pocos pueden entrar y todos quieren ir. ¿El “cielo”, tal vez? Hay que estudiar con cuidado qué decir, cómo vestirse, quién ser para que te acepten en las puertas de Berghain.
La letra dice (en alemán): “sus temores / padecimientos son los míos, sus heridas son las mías, su amor es mío”, clara referencia al lenguaje religioso. Pero luego agrega una frase que pone todo lo anterior en perspectiva: “wie ein Blei-Teddybär”. Esta metáfora se refiere a algo dulce e inocente (teddy bear), que luego es corrompido (blei = plomo). Esto puede relacionarse directamente con los abusos de la Iglesia, el amor romántico, los abusos de poder y cómo las mujeres terminamos como cuerpos rotos, aplastados por el sistema de los hombres: el mismo sistema que luego nos rechaza por ser un “corazón de metal”, aplastado y sin valor.

En la escena de los zapatos de Rosalía con cruces religiosas es cuando aparece ese “corazón pesado” del que habla la letra: los zapatos tienen en la suela un dije de corazón que termina aplastado y parcialmente destruido.
Luego Rosalía aparece planchando en un living amplio, sobrio y luminoso, rodeada por la orquesta. Viste un vestido blanco y refinado mientras plancha una capa roja con una plancha vieja de metal. Y la letra en alemán dice: “mis penas son las de ella, sus heridas son las mías”. El contraste de la riqueza aparente con el dolor compartido: todas planchamos, todas sufrimos los mismos dolores.

Llega entonces una escena que considero gloriosa: su corazón sigue siendo rechazado en los negocios donde intenta vender la pieza de metal, así que se refugia en un cuarto oscuro y algo lúgubre que parece un bosque de cuento —tal vez Blanca Nieves. Entra, y diferentes animales la rodean (la naturaleza). Björk entra simbólicamente como un pajarito y empieza a cantarle.

Björk, que cree que “dios” es la naturaleza, le canta a Rosalía: “la única manera de salvarnos es a través de la intervención divina”, es decir, de la naturaleza. Björk, el pajarito, repite varias veces: “solo nos salvará la intervención divina (la naturaleza)”.

Rosalía es guiada por la naturaleza en una especie de exorcismo artístico, con imágenes y tambores, mientras la orquesta sigue tocando en off. Luego aparece en su cama, girando, como enroscada en un sueño, en sus últimos momentos antes de entregarse a la transformación “divina”: convertirse en una paloma mientras el corazón de metal reaparece intacto. La naturaleza —lo divino— la salva.
Momentos antes de su explosión de libertad, la letra y las voces se tornan graves, amenazantes y difusas, hasta repetir varias veces: “I will fuck you until you love me”, frase que podría representar la violencia sexual de los roles de poder entre hombres y mujeres, la coerción en la que se sumerge a las mujeres y, me atrevo a decir, la presión religiosa como rito de aceptación social.
La paloma no representa a la religión: representa a la naturaleza. Lo divino es la naturaleza.


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