Todos los hombres desean a otros hombres

Ana Julia Di Lisio con su libro «Todos los hombres desean a otros hombres»

Temas del libro · Ana Julia Di Lisio

Los hombres penetran mujeres pensando en otros hombres

Homosocialidad sexual y la arquitectura del patriarcado

Escribí este libro porque llegué a la conclusión de que la sexualidad de los hombres no representa un elemento más dentro de los sistemas de poder en los que vivimos. Es el elemento que los sostiene, y el que los fue modificando a lo largo de la historia.

A esto lo llamo homosocialidad sexual y lo defino como la proyección sexual que se desprende del análisis del falo y su poder político y social. Con el marco que me da esta definición describo la forma socialmente aceptada del amor sexual de los hombres por sí mismos. No es una identidad, no es una orientación, no es necesariamente consciente ni depende de las definiciones que propuso la sexología porque esta dinámica es anterior y por lo tanto es histórica y estructural: funciona sin que tenga que reconocerse. Es un pacto tácito entre hombres en el que las mujeres no somos parte activa, pero sí constitutiva. La mujer no es el objeto del deseo del hombre: es la mediación por la que el deseo circula entre hombres, es decir, la heterosexualidad obligatoria es la estructura que mantiene a este sistema oculto y obliga a las mujeres a participar de él.

Como mi formación académica es en arquitectura, me permito describir este sistema como se leería un edificio: un sistema de poder tiene planta, cimientos, circulaciones, muros portantes y elementos que se pueden mover, quitar o agregar sin que se caiga la estructura que lo define todo. Lo que se discute en cada época de la humanidad bajo el patriarcado son nuevas reinterpretaciones del deseo de los hombres como herramienta de poder y dominio. Sobre esa base elaboro dos operaciones fundacionales: la vulva oculta y el falo impuesto y expuesto. Esta representación se desplaza de las diosas al dios varón mediante un movimiento de ocultamiento y la violencia de lo obligatorio tanto simbólica como materialmente. La descendencia pasa a inscribirse bajo el apellido del padre y la sexualidad de las mujeres queda bajo la administración y denominación masculina. Los hombres se declaran creadores y la humanidad pasa a pertenecerles. A las mujeres les queda el rol de sostener y ser el material que une y mantiene el sistema, el mortero.

En la cultura del falo, los hombres formaron su casta sexual de poder que impuso el sistema patriarcal utilizando los cuerpos de las mujeres. Los hombres penetran mujeres para demostrarles a otros hombres su rol activo y viril llamando a eso «heterosexualidad». La heterosexualidad tal como está organizada hoy funciona como un gangrape discontinuo: cuerpos de mujeres que los hombres se van pasando entre sí para definir su posición de «penetrador» ante otro hombre, por eso podría decirse que los hombres penetran mujeres pensando en otros hombres. Cuando violan mujeres, también lo hacen pensando en otros hombres, como concluye Rita Segato luego de haber entrevistado a violadores condenados que describieron que el destinatario del acto no era la víctima sino la cofradía de pares.

El sistema más reciente es el transactivismo donde, mediante la ley, el sexo puede reemplazarse por una ficción legal de identidad declarada. La división deja de ser entre hombres y mujeres para volver al sistema que organizaba a Grecia y a Roma: cuerpos que penetran y cuerpos penetrados, ambos jerarquizados por su posición sexual. En ese esquema, la sexualidad de los hombres queda blindada por vía legal, y las Lesbianas, al quedar sin categoría ante este esquema, no conforman ni sostienen el tejido jerárquico de los hombres.

Escribo desde Berlín y escribo en español. El libro se puede conseguir internacionalmente a través de Amazon, RFB/Books, Libros Market para Latinoamérica y Apple Books.

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