
En Alemania se está dando una especie de «Me Too» desatado por el caso de abuso que sufrió la actriz y presentadora Collien Fernandes, que estuvo casada 14 años con el actor Christian Ulmen – uno de los rostros más queridos de la televisión alemana, conductor de MTV, protagonista de series como Jerks y del célebre Tatort. Las protestas masivas se extendieron a Berlín, Hamburgo, Frankfurt y otras ciudades: más de 10.000 personas se reunieron frente a la Puerta de Brandeburgo con carteles que decían „KI macht unsere Körper nicht zu eurem Eigentum» – la IA no hará de nuestros cuerpos algo tuyo (Yahoo News/Reuters).
Hace unos años Collien realizó un documental sobre la violencia sexual virtual – „Deepfake-Pornos: Digitaler Missbrauch» (ZDF, 2024)-pero este tipo de tecnologías no eran muy conocidas entonces y la inteligencia artificial era algo bastante inimaginable para el público general. Su denuncia no pudo prosperar porque ella desconocía la identidad del agresor. En noviembre de 2024 presentó una denuncia penal en Alemania contra una persona desconocida. La investigación fue archivada por falta de pruebas (Tagesspiegel).
Fue en Navidad de 2024 cuando su entonces marido le confesó: „Ich war das, ich habe das getan» – fui yo, yo hice eso. Según la investigación de Der Spiegel, Ulmen describió lo que hizo como un «fetiche sexual» y reconoció su intención de degradar y controlar a quien era entonces su esposa (marzo 2026). Había creado perfiles falsos bajo el nombre de Fernandes y los usó para contactar a al menos 30 hombres – incluyendo colegas del medio – enviándoles fotos y videos pornográficos, manteniendo «amoríos online» y llegando incluso a tener sexo telefónico usando una voz generada con inteligencia artificial para suplantar la voz de ella (Tagesspiegel). Los perfiles falsos fueron enviados no solo a contactos privados sino directamente a empleadores de la actriz (Brisant/ARD).
Esos videos realizados y distribuidos por él llegaron a colegas de la actriz – y así fue como ella tomó conocimiento de lo que estaba pasando. Como ella misma declaró al Spiegel: „Mir wurde über Jahre mein Körper geklaut» – durante años me robaron el cuerpo (ZDF heute). La explicación que le dio fue que sentía que ella y su imagen le pertenecían, entonces de alguna manera compartir esa «sexualidad» virtual con otros hombres era parte de la sexualidad de la pareja. El detalle es que ella nunca supo lo que estaba pasando y fue usada como un avatar para la sexualidad de él – el mismo fenómeno de vestir las pieles de las mujeres que plantea el transactivismo. Es literalmente la posesión del cuerpo de las mujeres para gratificación sexual de los hombres.
Existe un marco teórico que permite leer esto con más precisión. Eve Kosofsky Sedgwick describió la homosocialidad masculina: los hombres construyen sus vínculos más profundos – afectivos, de lealtad, de reconocimiento – entre ellos, y las mujeres funcionan como objeto de intercambio dentro de esa trama. Pero lo que muestra el caso Ulmen es que ese vínculo no es solo social ni solo afectivo. Ulmen no le mandó esos materiales a otros hombres a pesar de la sexualidad – se los mandó como sexualidad. Fernandes era la piel que se puso para acceder eróticamente a otros hombres. Me atrevo a ir más lejos que Sedgwick: el deseo de los hombres está estructuralmente orientado hacia otros hombres, incluyendo el deseo sexual, y la heterosexualidad masculina no es una orientación sino una forma de administrar – y ocultar – ese deseo. Las mujeres no somos el objeto del deseo masculino. Somos el medio.
¿Qué se puede entender entonces del deseo masculino cuando el placer es presentarse como mujer ante otros hombres, mostrando el poder de poder vestir su piel como máximo símbolo de dominio? Cacé a esta mujer, la puedo vestir, la poseo – para buscar sexualidad con un par, con otro hombre.
Este caso vuelve a confirmar que el deseo de los hombres no es para con las mujeres estructuralmente y sistemáticamente. Fernandes eligió presentar su denuncia en España – donde existen tribunales especializados en violencia de género – porque Alemania, en sus propias palabras, es un „Täterparadies», un paraíso para los agresores (taz). La Ministra de Justicia Stefanie Hubig anunció legislación urgente para criminalizar la producción y distribución de deepfake pornográfico (taz) aunque lo que se conoce hasta ahora de la ley no termina de satisfacer el pedido de las feministas en Alemania. Este caso está siendo tomado para avanzar políticamente sobre leyes que protejan a las mujeres, pero hay quienes dicen que en el medio quieren agregar detalles que van más allá de proteger a las mujeres y terminan invadiendo la privacidad en línea (netzpolitik.org, LTO).
¿Cómo podría mantenerse el sistema si dejar de odiarnos y deshumanizarnos no fuese lo que lo sustiene? Una vez más me atrevo a decir que el poder sexual de los hombres resulta ser la arquitectura de la misoginia y sus sistemas.
* Ulmen presentó una demanda contra Der Spiegel ante el Landgericht Hamburg. Lo más significativo no es lo que demandó sino lo que no demandó. Impugnó tres puntos técnicos de redacción: que el diario dejara de insinuar que él fabricó deepfakes, que dejara de sugerir que ejerció violencia física contra Fernandes, y que aclarara un detalle procesal sobre una audiencia en Mallorca. Lo que no contestó judicialmente es el cargo central: los perfiles falsos, el material pornográfico enviado a hombres haciéndose pasar por ella, el fetiche, la degradación. Ese núcleo, Ulmen no lo niega ante ningún juez. A principios de abril de 2026, el tribunal aún no había dictado sentencia.

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